Tom y Stacey Branchini tenían algunas inquietudes cuando, en el otoño de 1999, llevaron a su hija a la Universidad de Boston para que comenzara el primer año. ¿Alexa había elegido la escuela correcta? ¿Le gustaría? ¿Le iría bien con sus estudios? ¿Su niña de dieciocho años extrañaría el hogar? Diez días después, comenzó una pesadilla inimaginable. Por medio de una llamada, los Branchini supieron que alguien había violado brutalmente a Alexa a punta de navaja en su dormitorio. Se encontraba en el hospital de Boston. Ella sobrevivió al ataque, pero su vida había cambiado para siempre.
Alexa hizo la denuncia a la policía, que capturó al violador aún antes de que tuviera la oportunidad de irse del campus. Aunque Alexa era una de las pocas víctimas de violación cuya experiencia traumática tiene como resultado el juicio y la condena del agresor, pronto sabría que, en realidad, su calvario recién había comenzado. Tuvo que atravesar la incertidumbre de la investigación criminal y el juicio subsiguiente y pasaron dieciocho meses antes de que el proceso judicial se pusiera en marcha. Cuando comenzó, Alexa tuvo que soportar un sinfín de tácticas de demora que la defensa utilizó para desalentar a la familia Branchini en su lucha por la justicia. Aparentemente, Alexa mantenía la compostura en lo que duró el proceso. La realidad era que estaba sufriendo las devastadoras secuelas de la violación, que se manifestaron en forma de trastornos alimenticios, trastornos del sueño, depresión y Trastorno de Estrés Postraumático que jamás había manifestado. Alexa y sus padres pasaron veintisiete días en Boston por el juicio. La joven no se rindió y el hombre que la violó fue sentenciado a cuarenta y cinco años de prisión sin libertad bajo palabra.
Tras la desgracia de su hija, Stacey Branchini y su esposo crearon una organización (It Happened to Alexa Foundation, Inc. [Le sucedió a Alexa], IHTAF) para ayudar a otros sobrevivientes de la violación y a aquellas personas que les brindan apoyo (familia, amigos o profesionales) durante el trauma. IHTAF es la única organización de Estados Unidos cuyo objetivo es proporcionar ayuda económica para que la familia y las personas que le brindan apoyo a los sobrevivientes de la violación o la violencia sexual puedan asistir a los juicios de sus agresores. Actualmente, IHTAF paga hasta tres mil dólares en concepto de gastos de transporte, para que nadie tenga que afrontar las dificultades que representa un juicio sin ayuda.
IHTAF continúa creciendo más de un ciento por ciento todos los años y, a pesar del volumen de consultas que recibe la organización, Stacey Branchini sigue hablando con la mayor cantidad de víctimas posibles y trabaja para asegurarse de que reciban toda la ayuda disponible. Stacey es capaz de llevar a cabo este emprendimiento al mismo tiempo que lucha contra sus propios problemas de salud. Pero a pesar de todo, nunca duda de su causa. Stacey demostró ser una inspiración para todas las víctimas y las familias de las víctimas que ayuda.
Para saber más sobre Stacey Branchini y su causa, y entender de qué manera tú puedes marcar una diferencia, visita: www.ithappenedtoalexa.org.
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