El entrenamiento ha preparado al especialista de la Armada de los EEUU, Kristopher Atherton, para responder en el caso de situaciones inesperadas. Pero el 26 de julio de 2003, Atherton se sintió repentinamente responsable de la seguridad de otros y tuvo que actuar para asegurar esta seguridad cuando estaba críticamente herido.
Este conductor de tanques de 23 años forma parte del Segundo Batallón Regimiento 70, Compañía Bravo, y estaba estacionado con su unidad en AbuGraib, cerca de Bagdad. En las primeras horas de la mañana Atherton abandonó su unidad en una misión voluntaria, conducir uno de los dos Humvees para transportar a un prisionero desde AbuGraib al este de Bagdad. Se encaminaron con el Humvee de Atherton a la cabeza, llevando al prisionero, un intérprete, otro soldado y un segundo teniente.
Sobre las 4:30, Atherton oyó una gran explosión proveniente de la parte frontal izquierda. La explosión hizo volar su brazo izquierdo hasta su regazo y voló su artillero por el agujero que había creado la explosión en el techo.
El Humvee de Atherton acababa de ser víctima de una emboscada y él perdió su brazo en el ataque.
El vehículo de Atherton estaba fuera del campo de visión del Humvee que estaba detrás de ellos y el ataque había destruido su radio, dejándolo sin medios para avisar a los otros del peligro que les esperaba. Entonces Atherton tomó una decisión repentina: continuar manejando a pesar de la pérdida de su brazo.
Rechazando la ayuda del teniente que quería practicar un torniquete en su brazo para parar la sangre, Atherton argumentó que no tenían tiempo. Entonces dio la vuelta a su vehículo para regresar al campamento de AbuGraib. Al ver el Humvee dañado llegando hacia ellos, el segundo vehículo se dio efectivamente por alertado de la situación y siguió a Atherton en su retorno hacia la base. El viaje fue lento. Con las cuatro ruedas pinchadas, a Atherton le llevó casi 20 minutos el recorrer las cuatro millas de regreso a la base.
Sin parar de sangrar en ningún momento, Atherton incluso paró en las puertas del campamento para dejar al prisionero fuera por motivos de seguridad. Cuando finalmente llegó a los servicios médicos, Atherton recuerda que cargaba su brazo izquierdo con el derecho al entrar en la zona de operación. Las dos últimas cosas que Atherton recuerda son el ver los trozos de su brazo y el pedirle a los médicos que sacaran la cartera de sus pantalones.
Se supone que un soldado ha de ser valiente, pero recoger tu brazo, ponerlo en tu regazo y arriesgarte a desangrarte por llevar a otros a un lugar seguro va más allá del deber de cualquier soldado. En un momento de enorme dolor y horror, Kris respondió al ataque inesperado con el coraje y la convicción de un verdadero héroe, tomando la decisión consciente de arriesgar su vida por la seguridad de otros.
Lea más Historias Heroicas >