Paula vivió en el Medio Oriente con sus hijos, donde sufrieron los terribles maltratos de su anterior marido. Paula pudo escapar con los niños y regresar a los Estados Unidos. Si su marido o la familia de él la hubieran atrapado, ella habría ido a prisión y no habría podido volver a ver a sus hijos. Tras haber tenido que luchar en los Estados Unidos para conservar la custodia legal de sus propios hijos, Paula descubrió que no existía ningún programa para ayudar a los ciudadanos estadounidenses que desean repatriarse, en especial a las mujeres que abandonan a sus maridos abusadores que residen en el extranjero.
Paula y sus hijos regresaron a los Estados Unidos en la pobreza, teniendo que empezar de nuevo literalmente de cero. Durante ese tiempo, ella desarrolló un plan que se convertiría en un recurso para las mujeres estadounidenses que residen en el extranjero y que son víctimas de la violencia doméstica: la Línea de Crisis para Violencia Doméstica. Paula trabajó noches enteras para mantener a sus hijos y días para crear su organización. En unos pocos años, la organización se convirtió en la única en el mundo con una línea directa internacional gratuita para crisis: 866-USWOMEN. El programa es una línea de apoyo para emergencias. En 2006, la Línea de Crisis para Violencia Doméstica recibió 1281 llamados y mensajes de correo electrónico de familias en crisis que residían en el extranjero. Como respuesta, la organización brindó apoyo en cuestiones de violencia doméstica, planificación de seguridad, administración de casos e información y remisiones a 258 familias en 47 países a través de la línea directa internacional gratuita. Los esfuerzos de Paula dieron como resultado la repatriación de catorce familias que huyeron de la violencia doméstica a nivel internacional; ubicaron a una segunda familia en el programa independiente de alojamiento transitorio de la organización; les brindaron asesoramiento profesional a diecinueve víctimas de maltrato; y pagaron los honorarios de cuatro abogados que permitieron que las madres maltratadas pudieran pelear por la custodia de sus hijos en los Estados Unidos. Además, un equipo de abogados voluntarios dedicados trabajó 3.894 horas en la línea de crisis.
Según la Asociación de estadounidenses con residencia en el extranjero, 4,1 millones de estadounidenses, sin contar a los miembros del ejército, viven en el extranjero. Los cálculos aproximados no oficiales llegan hasta 5 y 6 millones. El equipo de Paula calcula que la violencia doméstica contra las mujeres estadounidenses y sus hijos que residen en el extranjero se asemeja a los patrones experimentados en los Estados Unidos, que afecta del 1 al 1,4% de la población. Actualmente, la Línea de Crisis para Violencia Doméstica es la única organización que ayuda anualmente a entre 41.000 y 57.400 mujeres estadounidenses y a sus hijos que sufren maltratos en el extranjero.
Paula puede parecer una persona “normal”, pero ha mostrado un coraje extraordinario para superar la adversidad. También ha demostrado un compromiso extraordinario con las mujeres estadounidenses atrapadas en el extranjero en relaciones de maltrato. Además, sobrevivió al cáncer que le diagnosticaron menos de un año después de haber regresado a los Estados Unidos. Sin embargo, Paula no sólo sobrevivió a un matrimonio en el que sufría maltratos, a la pobreza y a la enfermedad, sino que también tomó las medidas necesarias para producir un cambio, proteger a sus hijos, curarse y ayudar a otras mujeres que en la actualidad se encuentran en situaciones calamitosas similares. Aunque Paula parezca de baja estatura, es una colosal defensora de las mujeres maltratadas y sus hijos.
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