José Morales ha vivido en carne propia las consecuencias del alcoholismo. En 1982, después de perder su hogar, a su familia y su trabajo como capataz de una fábrica en México, José decidió ingresar a Alcohólicos Anónimos; ha estado sobrio durante los últimos 21 años. En 1986, José emigró hacia Estados Unidos. Viviendo en Corona, Queens, le impactó ver el gran consumo de alcohol en las calles. La mayoría de las personas bajo este flagelo no tenía la posibilidad de acceder a un tratamiento económico en español. Entonces José decidió responder a las necesidades de su comunidad. En 1991, con la ayuda de cuatro amigos mexicanos también en recuperación, inauguró su refugio, J24.
El lugar tuvo un comienzo más que humilde. José trabajaba como camarero en un restaurante y brindaba ayuda durante sus horas libres. El refugio J24 se encontraba al principio en un sótano alquilado y ofrecía un paraíso las 24 horas del día, donde se facilitaban alimentos, refugio y un lugar de reunión para que la gente con un problema de abuso de sustancias comenzara su recuperación. Con el tiempo y la administración de José, el J24 comenzó a expandirse.
En 1996, gracias a un crédito, sus ahorros y la ayuda de otros miembros, José compró una casa donde instaló el J24; en 2001 se convirtió en una organización sin fines de lucro. Actualmente, la entidad continúa brindando refugio las 24 horas del día, los siete días de la semana. La organización está administrada únicamente por voluntarios, incluido José, y nunca le ha negado albergue a nadie ni le ha cobrado un centavo por su estadía o tratamiento.
Durante los últimos 12 años, José se ha dedicado a J24 únicamente por amor. Tiene dos trabajos, mantiene a su esposa y sus cuatro hijos e invierte más de 20 horas semanales en su centro de ayuda. Esta tarea de amor de José Morales ha ayudado a más de 3.100 miembros de la comunidad hispano-hablante en Queens, Nueva York, a recuperarse de su adicción al alcohol y las sustancias.
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